jueves, 2 de febrero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
SEAT 1950-1977
L'arquitectura de la repressió
L’Ateneu Santfeliuenc, a través de l’USLA, ha desenvolupat una activitat cultural important vinculada a la recuperació de la memòria democràtica. Amb l’exposició “SEAT 1950-1977. L’arquitectura de la repressió” produïda per l’Associació Memorial Democràtic dels treballadors de SEAT i pel Memorial Democràtic de Catalunya volem apropar aquesta història a la ciutadania de Sant Feliu de Llobregat, la ciutat de les roses i capital de comarca del Baix Llobregat. Molts dels nostres ciutadans, treballadors de l’empresa, han estat protagonistes d’aquesta memòria i de la manera solidària es van jugar els seus llocs de treball i la llibertat per fer possible un futur democràtic per a tots i totes.
El franquisme va voler vendre cap a l’exterior la fàbrica SEAT com un model de la modernització industrial i social que estaba experimentant el pais. Era la seva empresa “mimada” i la joia de la corona de l’autarquia del Movimiento. El que no va dir el franquisme i el seu Movimiento va ser que, entre els murs de l’empresa, va aplicar una repressió política i sindical sistematica. I el que no va poder detenir va ser la reacció dels treballadors, que van saber construir consciència de classe i consciéncia política per posar fi a la dictadura i al franquisme. Allà hi habia ciutadans de Sant Feliu de Llobregat que van posar-hi el seu granet de sorra.
Aquesta exposició té el mèrit de fer conèixer aquets esdeveniments, de mantenir viva la memòria davant l’oblit i fer-ho a partir dels mateixos traballadors que van viure els esdeveniments des dels seus llocs de treball. Val la pena que ens hi apropem com deutotrs que som tots de la seva lluita per millorar la vida de les persones i per aconseguir la democràcia i llibertats de què avui gaudim.
L'arquitectura de la repressió
L’Ateneu Santfeliuenc, a través de l’USLA, ha desenvolupat una activitat cultural important vinculada a la recuperació de la memòria democràtica. Amb l’exposició “SEAT 1950-1977. L’arquitectura de la repressió” produïda per l’Associació Memorial Democràtic dels treballadors de SEAT i pel Memorial Democràtic de Catalunya volem apropar aquesta història a la ciutadania de Sant Feliu de Llobregat, la ciutat de les roses i capital de comarca del Baix Llobregat. Molts dels nostres ciutadans, treballadors de l’empresa, han estat protagonistes d’aquesta memòria i de la manera solidària es van jugar els seus llocs de treball i la llibertat per fer possible un futur democràtic per a tots i totes.
El franquisme va voler vendre cap a l’exterior la fàbrica SEAT com un model de la modernització industrial i social que estaba experimentant el pais. Era la seva empresa “mimada” i la joia de la corona de l’autarquia del Movimiento. El que no va dir el franquisme i el seu Movimiento va ser que, entre els murs de l’empresa, va aplicar una repressió política i sindical sistematica. I el que no va poder detenir va ser la reacció dels treballadors, que van saber construir consciència de classe i consciéncia política per posar fi a la dictadura i al franquisme. Allà hi habia ciutadans de Sant Feliu de Llobregat que van posar-hi el seu granet de sorra.
Aquesta exposició té el mèrit de fer conèixer aquets esdeveniments, de mantenir viva la memòria davant l’oblit i fer-ho a partir dels mateixos traballadors que van viure els esdeveniments des dels seus llocs de treball. Val la pena que ens hi apropem com deutotrs que som tots de la seva lluita per millorar la vida de les persones i per aconseguir la democràcia i llibertats de què avui gaudim.
domingo, 8 de enero de 2012
JSJ Sant Feliu.: Gràcies, Creu Roja, Càritas i Voluntariat de Sant ...
JSJ Sant Feliu.: Gràcies, Creu Roja, Càritas i Voluntariat de Sant ...: Primer escrit de l'any 2012. Hauríem de fer possible que no sigui un any tan dolent com ens els pinten. I això no es fa amb els braços creua...
jueves, 5 de enero de 2012
"Mi cuento de Navidad"

Camino del desván, al que hacía casi un año que no se
dirigía desde que subió para guardar las cajas que contienen los adornos
navideños, Pedro rememoraba la última Navidad. No la recordaba tan especial
como las de su infancia, a pesar de sus esfuerzos en crear el mejor de los
ambientes. La nostalgia invadió su alma y sus recuerdos lo llevaron a aquella
época en que buscar musgo en las piedras del camino que llevaba al barranco era
toda una aventura, aquél musgo que luego pondría sobre las pequeñas rocas que
con tanta habilidad su padre colocaría formando la cuevita que daría cobijo a
la Sagrada Familia, y cuyo interior iluminaba con una pequeña bombilla cubierta
por un celofán de color rojo que creaba un cálido ambiente en su interior; eran
días cargados de ilusión en los que montar el Belén era todo un acontecimiento
familiar que se repetía en todos los hogares que Pedro conocía. Recordaba el
nerviosismo y la emoción que le producía mirar hacia las montañas y creer ver
en ellas el séquito de los Reyes Magos dirigiéndose hacia su pueblo para hacer
realidad, en esa noche mágica del 5 de enero, los sueños de todos los niños del
mundo, sueños que recordaba solidarios y exentos de egoísmo, sueños que
incluían las peticiones que, en cada una
de las Cartas enviadas a Oriente, los niños formulaban para los demás en su
propósito de ser buenas personas.
Ya en el desván, y con el alma henchida de todas las
emociones que aquellos recuerdos despertaron, Pedro bajó las cajas para
decorar, un año más, su casa por Navidad. Ante él apareció el portal de Belén
que desde hacía más de 20 años dibujaba, exactamente, el mismo rinconcito. Era
un portal perfecto, en el que cada detalle estaba perfectamente colocado,
incluso el musgo que le recordaba a aquél que en su infancia colocaba sobre las
rocas del portal, y sin embargo no despertaba en él las mismas sensaciones.
Entonces pensó, y sintió, que la explicación era muy sencilla, que la razón por
la que la Navidad había dejado de ser tan especial no venía dada por el hecho
de que la decoración fuera más o menos bonita, más o menos perfecta, más o
menos cara, la Navidad había dejado de ser tan especial porque había pasado de
crear un ambiente navideño en familia a pretender crearlo consumiendo, gastando
de una manera desordenada, mientras otras familias no tenían que comer, que
regalar o pasaban por alguna enfermedad dura, que seguro superarían. Cerró
nuevamente las cajas y las dejó en una esquina del salón.
Camino de las habitaciones de sus hijos Pedro se dispuso a
despertarlos para invitarlos a llenar su casa de Navidad, había descubierto que
sólo la ilusión de ser cada día mejor persona era capaz de generar esos
sentimientos que tanto echaba de menos, y tenía la obligación de que sus hijos
también lo descubrieran. En un mundo absolutamente materialista consideraba
imprescindible un poco de musgo natural que, aún cuando se marchita y muere,
mantenga viva la ilusión y el propósito de que entre todos, en familia, podemos
construir la mejor de las Navidades, aquella que culmine en un despertar sin
hambre, sin violencia; en un despertar en el que el mejor regalo sea la
solidaridad entendiendo ésta como la única vía para acabar con tanta
desigualdad e injusticia.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
las grandes obsesiones dietéticas de los hombres y mujeres de los países ricos
En todos los periódicos a lo largo y ancho de
Europa y Estados Unidos, habrá algún articulo, algún anuncio sobre las grandes
obsesiones dietéticas de los hombres y mujeres de los países ricos: ¿cómo
adelgazar?, ¿cómo hacer para no comer tanto?
Mientras muchos de nosotros venderíamos
nuestras almas por conseguir la pastillita mágica que nos permitiera hartarnos
de churros, chorizo y huevos fritos sin aumentar de peso. y (claro) sin
incrementar los niveles de colesterol, hay 800 millones de personas en el mundo
que se van a la cama todas las noches con hambre. Y hay más de 800 millones que
tienen sobrepeso o padecen obesidad. según el Worldwatch Institute de
Washington, un organismo que se dedica meticulosamente a acumular esta clase de
datos.
Más estadísticas, todas de Naciones Unidas:
cada
cinco segundos muere un niño de hambre; uno de cada cinco niños en Estados
Unidos es peligrosamente obeso; 10 millones de personas mueren cada año debido
al hambre o las enfermedades que provocan y acentúan la malnutrición; el mundo
produce comida más que suficiente para todos los seres humanos; el presupuesto
total mundial que dan los Gobiernos de los países ricos para el desarrollo de
los países pobres es de 50.000 millones de dólares al año; el presupuesto de
Estados Unidos para la guerra en Irak (según cifras oficiales de ese país) duplica esa cantidad.
El hambre, que mata directa o indirectamente a
nueve veces más personas cada día de las que murieron en las Torres Gemelas de
Nueva York, es la manifestación más extrema posible de la pobreza, del fracaso
humano. Reducir la cifra de gente hambrienta en el mundo a la mitad ha sido
identificado como una prioridad dentro de los Objetivos Milenio de Naciones
Unidas para los próximos 10 años. Aparte de organizaciones pertenecientes a la
ONU hay 1.200 ONG comprometidas con este esfuerzo, entre ellas Cruz Roja
Española.
Los países ricos responden bien cuando ocurre
una catástrofe, pero lo que no han sabido hacer es ayudar a que se evite, o
crear las condiciones para que los problemas del hambre endémica desaparezcan.
O al menos no con el empeño necesario, no hay hambruna hoy al nivel de 1984, pero hambre permanente, sí.
los países ricos no se interesan lo suficiente
como para presionar a sus Gobiernos para que inviertan más en ayuda a los
pobres del mundo, que en nuevos submarinos. Mientras se reacciona de manera
ágil y eficaz y contundente (sin escatimar las inversiones), a la hora de rescatar
a los Bancos, existe poco afán por el trabajo lento, gradual, poco glamoroso
(lejos de las cámaras de la CNN) que se requiere para ir paulatinamente ganando
terreno al hambre y previniendo así las grandes hambrunas antes de que ocurran.
Lo más importante es que la gente sepa cómo
ganarse la vida, que se valga por sí misma. El hambre es la pobreza llevada a
su máxima expresión. Con lo cual, lógicamente, hay que combatir la pobreza, hay
que dar a la gente los medios y las condiciones para que puedan “enriquecerse”.
Hay que procurar crear sociedades democráticas
en el sentido más amplio y profundo de la palabra. Cuanto más responsable y preparada
sea la gente en el poder y cuanto más generosa la gente en los países cuyos
problemas de supervivencia elemental están resueltos, menos hambre habrá en el
mundo. El problema es que todo esto, como demuestra la historia de la especie,
es mucho pedir.
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